miércoles, 17 de diciembre de 2008

el despertar de Mariana


Aquella mañana todo había sido diferente, cuando Mariana se levantó no sintió el aroma de las tostadas ni el calor de otro cuerpo al lado del suyo. De hecho ya no tenía el sabor de los besos alcohólicos de una noche de ardiente pasión, tampoco tenía la discordia entre la razón y la decencia al recuerdo de tocar un cuerpo ajeno. Cuando despertó esa mañana noto que ningún galán de cuarta abría la puerta quebrajada de su gris habitación, nadie hacía sonar esa maldita tabla suelta en el piso de su alcoba.



Al despertar se puso de pie frente a su ventana, limpio el vidrio con la manga de su sucia bata de levantar para eliminar el hollín y el polvo pegados por noches de incesantes sudores y gemidos. Encendió un cigarrillo que encontró junto a la ventana, y noto que afuera el día estaba nublado y frío, noto también que hacía mucho que no veía el día; entonces sintió algo que ya había olvidado como se sentía, un extraño calor liquido recorrió su mejilla y un gemido de tristeza salió magullando su garganta; lo que aconteció aquella mañana, nunca antes había ocurrido, Mariana lloraba... Lloraba por la frustración de no ser joven y bella, al mirar por la ventana vio su reflejo derruido por los años, ya no pertenecía a la prostitución de élite...

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