Yo soy de una rara estirpe
de pocos seres no normales,
tengo dos ojos, señores del llanto,
que te miran desde arriba, pero muy abajo.
Tambien tengo el cabello tiezo y negro
como mirada de indio guerrero.
Unos labios aguzados como dagas,
que en cada estocada te roban un beso.
Tengo ademas una gran nariz,
desde donde se cuelga tu piel
cada noche para llenarme de su aroma.
Soy gruñon como un roble viejo
pero tierno como un pollito o un pequeño perro.
Adicto al te negro, el invierno azul,
la luna blanca, el suelo verde y tu amor rojo.
Adepto a ti, a tu y yo,
al te amo, al ¿Me amas?.
Fanatico de tus ojos de almendra,
rellenos de manjar y bañados de chocolate amargo.
No soy uniformado, ni poeta,
mucho menos trasnochador o bohemio;
Pero para ti soy capitan de sueños,
escritor de vela e insomne a tus brazos cada noche.
Me considero lector...
Lector de viaje, noche y descanzo,
cinefilo de terror, blanco y negro y fin de semana.
Se me olvidaban mis dedos planos,
como los del pianista viejo,
mas no tengo dedos pa'l piano en:
bailes y danzas, matematicas y geometrias,
recuerdos y memorias.
Ademas cantante sin destreza y musico sin instrumento.
Mas algo bueno he de tener...
si no... ¿como te enamoras de mi?
Yo lo se mas que nadie y tu lo sabes tambien.
Soy amante a destajo
y generoso en el sentir,
Se cocinarte hasta sin ajo
para podernos dijerir.
Como no terminar este autorretrato
sin nombrar mi ultima cualidad,
aquella que me seguira a la muerte
que es amarte de verdad.
POESIA Y MUERTE SE UNEN EN EL PANTEON... ACERKATE Y DISFRUTA DE LOS PLACERES DE LA KARNE
sábado, 26 de noviembre de 2016
miércoles, 6 de abril de 2016
El Caballo de Acero
En aquel tiempo el universo brillaba, cada día presentaba un fulgor
único de las estrellas, el fulgor del sol era como un señor de oro
flotando sobre el cielo, el verde del césped era vivo y la gente
sonreía a su alrededor. Donde el caminaba daba pasos seguros y
desentendidos, era feliz. Era adorado en todas partes y nadie se
atrevía a dañarlo, chocaba su seguridad con el vacío de otros,
golpeaba a todos con su presencia y se sentía acogido en donde fuera.
La tenía a ella a su lado... Ella... Ondina eólica, magnifica imagen
sagrada, su piel cual pétrea suavidad lo ataba a sus besos, no podía
contener su belleza desbordante, su cabello encendía la magia con su
color fuego y sus grandes ojos miraban más allá de sus sueños. En sus
dedos se revolvía y jugueteaba el corazón de él, como una gota de
mercurio se desarmaba y volvía a unirse con el alma de ella.
Nunca nada fue malo, todo era belleza y resplandecencia, el universo
conspiraba a favor de él y como si fuera un barco en altamar se dejó
llevar hasta las profundas aguas del amor. Embobado con la presencia
de la chica soñada, vuelto orate colgando de las curvas del cuerpo de
ella.
Sin embargo el destino es cruel y como crudo puede ser, dejo que el
viera una realidad oculta, un agujero asqueroso lleno de alquitrán y
brea, desde donde salía la verdadera apariencia de ella, un monstruo
se alzaba riendo y llorando a la vez, el descubrió un nuevo mundo tras
el escenario que le habían mostrado.
Decepcionado de la horrible realidad que le ocultaron lo hizo caer en
cuenta que afuera también había un mundo real, donde no era el héroe,
sino más bien un bufón triste y decadente.
En este mundo real pasaban constantemente cosas malas a la gente y
este era el momento en que el conocería más de cerca la realidad
antipática que existe. Se encontraba en el andén, La Rue Morgue sonaba
en sus oídos y la veía en recuerdos mientras un solo de guitarra
repicaba en sus audífonos. Parado sobre la línea amarilla que lo
separaba de su nuevo destino, solo bastaba un paso... Un miserable
paso para voltear todo su bello universo enfrascado y quebrar el vaso
que lo contenía.
Vio venir el tren, caballo metálico de color celeste, gigante de metal
que parecía comerse las vías a cada vuelta de rueda, pensó para sí que
esto dolería menos que la realidad que había descubierto. Dio el paso
decisivo con los ojos cerrados y sintió la presión de una mano sobre
el hombro que lo tiro hacia atrás, truncando todo su plan de morir. La
mutilación no estaba en sus planes, pero esta realidad a la que estaba
enfrentado era burlona y poco cariñosa, en shock vio sus piernas
aplastadas entre el tren y el andén y se dejó caer al suelo, pedía que
lo dejaran morir a todas las personas que lo rodeaban.
En el hospital le dieron atención y tuvo que cargar con una demanda de
parte de la empresa dueña del caballo de acero, una demanda y los
gastos médicos, su trabajo no le daba lo suficiente y la preciosa
chica que tenía estaba cada vez más aferrada a ese monstruo de
alquitrán dejándolo por consiguiente solo en su batalla consigo mismo
y con la asquerosa realidad en la que se encontraba de pie, sin pies.
Después de un tiempo la silla de ruedas se había convertido en su
nueva forma de caminar. Desdichado, pobre, sin amor y solo no quería
ser un animal dependiente, si bien siempre fue un lobo solitario,
siempre se rodeó sin querer de una manada que lo ayudaba a sentirse
bien. Ahora estaba ausente de sí mismo, todo a su alrededor se movía
pero él estaba quieto, como si su alma se hubiese ido con sus piernas.
Ahí estaba de nuevo, comino a su trabajo sobre su nueva forma de
trasladarse, esperando subir a esa caja de lata que le había robado su
gusto por los zapatos, junto a él una chica con las inscripción
"asistente de anden" en la espalda, trataba de hacerle espacio en el
andén para subir. El la miro buscando su mirada, sus ojos se
encontraron y la chica noto un dejo vacío en sus pupilas y de su ojo
derecho se derramo una lagrima, y giro las ruedas en dirección al
vacío, la chica del andén trato de aferrarlo a la asquerosa realidad
pero tomo solo su horrible silla de ruedas y el cuerpo sin piernas
cayo justo cuando el tren partía de la estación, destruyendo su
cuerpo, mientras esto ocurría noto que en efecto, dolía menos que ver
como su mujer se iba de la mano con el monstruo de alquitrán.
único de las estrellas, el fulgor del sol era como un señor de oro
flotando sobre el cielo, el verde del césped era vivo y la gente
sonreía a su alrededor. Donde el caminaba daba pasos seguros y
desentendidos, era feliz. Era adorado en todas partes y nadie se
atrevía a dañarlo, chocaba su seguridad con el vacío de otros,
golpeaba a todos con su presencia y se sentía acogido en donde fuera.
La tenía a ella a su lado... Ella... Ondina eólica, magnifica imagen
sagrada, su piel cual pétrea suavidad lo ataba a sus besos, no podía
contener su belleza desbordante, su cabello encendía la magia con su
color fuego y sus grandes ojos miraban más allá de sus sueños. En sus
dedos se revolvía y jugueteaba el corazón de él, como una gota de
mercurio se desarmaba y volvía a unirse con el alma de ella.
Nunca nada fue malo, todo era belleza y resplandecencia, el universo
conspiraba a favor de él y como si fuera un barco en altamar se dejó
llevar hasta las profundas aguas del amor. Embobado con la presencia
de la chica soñada, vuelto orate colgando de las curvas del cuerpo de
ella.
Sin embargo el destino es cruel y como crudo puede ser, dejo que el
viera una realidad oculta, un agujero asqueroso lleno de alquitrán y
brea, desde donde salía la verdadera apariencia de ella, un monstruo
se alzaba riendo y llorando a la vez, el descubrió un nuevo mundo tras
el escenario que le habían mostrado.
Decepcionado de la horrible realidad que le ocultaron lo hizo caer en
cuenta que afuera también había un mundo real, donde no era el héroe,
sino más bien un bufón triste y decadente.
En este mundo real pasaban constantemente cosas malas a la gente y
este era el momento en que el conocería más de cerca la realidad
antipática que existe. Se encontraba en el andén, La Rue Morgue sonaba
en sus oídos y la veía en recuerdos mientras un solo de guitarra
repicaba en sus audífonos. Parado sobre la línea amarilla que lo
separaba de su nuevo destino, solo bastaba un paso... Un miserable
paso para voltear todo su bello universo enfrascado y quebrar el vaso
que lo contenía.
Vio venir el tren, caballo metálico de color celeste, gigante de metal
que parecía comerse las vías a cada vuelta de rueda, pensó para sí que
esto dolería menos que la realidad que había descubierto. Dio el paso
decisivo con los ojos cerrados y sintió la presión de una mano sobre
el hombro que lo tiro hacia atrás, truncando todo su plan de morir. La
mutilación no estaba en sus planes, pero esta realidad a la que estaba
enfrentado era burlona y poco cariñosa, en shock vio sus piernas
aplastadas entre el tren y el andén y se dejó caer al suelo, pedía que
lo dejaran morir a todas las personas que lo rodeaban.
En el hospital le dieron atención y tuvo que cargar con una demanda de
parte de la empresa dueña del caballo de acero, una demanda y los
gastos médicos, su trabajo no le daba lo suficiente y la preciosa
chica que tenía estaba cada vez más aferrada a ese monstruo de
alquitrán dejándolo por consiguiente solo en su batalla consigo mismo
y con la asquerosa realidad en la que se encontraba de pie, sin pies.
Después de un tiempo la silla de ruedas se había convertido en su
nueva forma de caminar. Desdichado, pobre, sin amor y solo no quería
ser un animal dependiente, si bien siempre fue un lobo solitario,
siempre se rodeó sin querer de una manada que lo ayudaba a sentirse
bien. Ahora estaba ausente de sí mismo, todo a su alrededor se movía
pero él estaba quieto, como si su alma se hubiese ido con sus piernas.
Ahí estaba de nuevo, comino a su trabajo sobre su nueva forma de
trasladarse, esperando subir a esa caja de lata que le había robado su
gusto por los zapatos, junto a él una chica con las inscripción
"asistente de anden" en la espalda, trataba de hacerle espacio en el
andén para subir. El la miro buscando su mirada, sus ojos se
encontraron y la chica noto un dejo vacío en sus pupilas y de su ojo
derecho se derramo una lagrima, y giro las ruedas en dirección al
vacío, la chica del andén trato de aferrarlo a la asquerosa realidad
pero tomo solo su horrible silla de ruedas y el cuerpo sin piernas
cayo justo cuando el tren partía de la estación, destruyendo su
cuerpo, mientras esto ocurría noto que en efecto, dolía menos que ver
como su mujer se iba de la mano con el monstruo de alquitrán.
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